Son los últimos días del mes de noviembre del año del Señor de 1177, desde mi posición privilegiada en lo alto de esta colina veo desfilar ante mí a las huestes de Salah Al-Din Ibn Ayyub, más conocido entre los cristianos como Saladino, sultán de Egipto y Siria. 27.000 hombres, entre caballería ligera, infantes y mamelucos, le acompañan en dirección a la ciudad santa. Saladino ha jurado recuperar Jerusalén para el Islam y no parará hasta conseguirlo.
En Jerusalén reina Balduino IV, el rey leproso, hijo de Amalarico I y de Inés de Courtenay, condesa de Jaffa y Ascalon. Balduino ha sido coronado hace tres años, siendo todavía un niño; en la actualidad cuenta solo con 16 años, pero a pesar de su corta edad y su terrible enfermedad, es un muchacho muy inteligente, valiente y resuelto.
Son los últimos días del mes de noviembre del año del Señor de 1177, desde mi posición privilegiada en lo alto de esta colina veo desfilar ante mí a las huestes de Salah Al-Din Ibn Ayyub, más conocido entre los cristianos como Saladino, sultán de Egipto y Siria. 27.000 hombres, entre caballería ligera, infantes y mamelucos, le acompañan en dirección a la ciudad santa. Saladino ha jurado recuperar Jerusalén para el Islam y no parará hasta conseguirlo.
En Jerusalén reina Balduino IV, el rey . . .
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